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31 de diciembre de 2009

Deseos

El año nuevo, siempre entra cargado de esperanzas y buenos deseos. Nuevos proyectos y propósitos. Pero después de la muerte de Dios entramos en la era de la adoración de satán (el pit de pollastre dixit a sus feligreses). Cambiamos la esperanza en el más allá por el deseo del más aquí. Deseamos a todas horas y pedimos como cabrones. A mi me cuesta pedirle cosas al año nuevo, me resulta lo más parecido a bailar un twist con un parapléjico. Divertido pero está fuera de lugar. Una vez pasada la fiebre de la celebración, los deseos se me agolpan como torrentes de insatisfacción. 
Afortunadamente, durante el año puedo redimirme peregrinando en busca de la satisfacción de mis deseos. Para conseguirlo me refugio en las faldas afortunadas de la Rumana de Trevi. Cual oráculo délfico, únicamente puedo visitarla los días lluviosos. Pasea por Plaza Catalunya ataviada con su pañuelo en la cabeza, su falda hecha jirones y sus calcetines negros que sobresalen por los agujeros de las zapatillas color rosa que calza. Me acerco a ella. Entonces me ofrece un vaso de plástico lleno de agua de lluvia y con voz forzada me dice: " Pidir un dezceeeo y lanszaaar moneda en vaszo, por fabooozs." Pienso en mi deseo y lanzo la moneda de espaldas dentro del vaaszo. 
Con este pequeño ritual, consigo liberarme del peso de mis deseos y encarar mis nuevas aspiraciones. Gracias, Rumana de Trevi por tu labor en pro de nuestra felicidad.


10 de diciembre de 2009

PREMIOS (IN)MERECIDOS

El sacrosanto comité de sabios con barbas laureadas que otorga el premio Nobel ha concedido el galardón en defensa de la paz a Barack Obama. No seré yo, un mendigo pulgoso de la blogesfera que vive en un barril, quien ponga en entredicho tal decisión. Y no lo haré porque mi ignorancia es tal, que la primera vez que escuché el nombre del premio pensé: será un premio concedido por la ONCE sueca, por lo de No-bel. Al menos acerté en algo: los que lo conceden son ciegos. Y como sabemos, los invidentes tienen un excelente oído. Esta parece ser la razón primordial para entregar un premio a la retórica y al discurso. Porque el mérito del laureado comandante en jefe del ejército estadounidense no es otro que un gran don (de palabra). Palabras que no escatimó durante su discurso, en el que se habló más de la guerra que de la paz, interesante incongruencia. Así pues, tenemos un premio concedido a la paradoja y a la charlatanería. Una radiografía excelente del contrasentido en el que vivimos. En vista de este criterio de selección, para el próximo año yo propongo los siguientes premios: 

Premio Nobel de Economía: Fèlix Millet. Por encontrar vías de solución a la crisis mundial.


Premio Nobel de la Paz: Kim Jong-il. Por sus promesas de desarmamiento nuclear después de tres cervezas y un strip poker.


Premio Nobel de Literatura: Latifa Mayor. Tiene un prometedor futuro después de haber aprendido a escribir a máquina.


Premio Nobel de Química: Rafa Mora. Por su donación desinteresada de testosterona al estado español. También está aprendiendo a escribir a máquina, con lo que podría optar al Nobel de literatura.



Premio Nobel de Física: Massimo Tartaglia. Por aplicar exitosamente la formula: Lanzamiento+Fricción= Te parto la cara.


21 de junio de 2009

¡Arriba el trabajo y la decepción!

El mito de Sísifo cuenta la historia de un hombre castigado por los dioses a subir una roca enorme a lo más alto de una montaña. A simple vista, parece una tarea dura pero no insoportable. Lo que termina por serlo, es no conseguir subir nunca a lo más alto de la cima y ver como esta tarea se repite eternamente. Hay quien dice que la vida sólo se aprecia a partir del sacrificio y el esfuerzo. Las cosas que cuestan de conseguir son las que más se aprecian y las que más se disfrutan. Trabajar y persistir en lo que a uno le interesa, siempre tiene recompensa. Ésta llega tarde o temprano. Puede que sea en esta vida, en una reencarnación posterior, en un harén rodeado de frutas exóticas y mujeres despampanantes o en el cielo en estado de plenitud y satisfacción absoluta.
El trabajo, la rutina, la disciplina, la honradez, la persistencia, la bondad... son virtudes que se consiguen y se derivan de la dedicación y el trabajo. Aquél que es capaz de soportar los varapalos de la vida, los fracasos y las decepciones; no sólo consigue una experiencia sin precio, sino que alcanza cotas morales de una excelencia propias de un dios. Hay que sentirse afortunado de no conseguir los deseos, porque el empeño en conseguirlos es lo que nos enseña y nos hace mejores. No importa la meta, importan los caminos. Siempre podremos pensar que los ricos y poderosos tiene más dinero que nosotros. Pero aquellos que trabajan, sudan, sufren, lloran y se decepcionan, poseen mayor bondad. 
No hay más que ver los ejemplos adjuntos (las fotografías). Los dos personajes, contienen un aura excelsa y suprema fruto de las decepciones, los callos en las manos y la quemazón en la cara después de largas jornadas de trabajo. Sus sonrisas muestran la satisfacción del trabajo bien hecho, el placer de haber sufrido por alcanzar sus objetivos y la bondad del que se sabe honrado y honesto. Se trata de dos ejemplos a seguir, dos espejos en los que mirarse, dos referentes que permiten esperanzarse y creer que un día se llegará a disfrutar de dicha felicidad. Es por esta gente por la que tenemos que sentir el orgullo de madrugar, de invertir nuestro día en el trabajo, de cantar en el  metro, en el bus, en las retenciones. Porque el sufrimiento y el trabajo tienen recompensa, por eso y por lo que ha de venir, digo: ¡¡Arriba el trabajo!! ¡¡Arriba la decepción!! Porque nos harán mejores.

25 de junio de 2008

José Tomás o Héctor ensangrentado

Si los defensores de los animales convierten una figura retórica (prosopopeya) en un principio ético que les sirve de estandarte, José Tomás representa la fuerza de la poética visual y vital, dejando sin palabras, despojados y silenciados a poetas de todos los tiempos. No ha nacido toro que pueda con Tomás, como tampoco hay palabra, metáfora o poética que llegue a despeinarle. El de Galapagar no sólo es maestro en el arte de la lidia, sino una figura que se planta en el límite del coraje y la sinrazón. Tomás torea en la línea divisoria de lo ético y de lo loco, habita los resquicios entre vida y muerte, se clava a pies juntillas delante del tren de la muerte, lo templa con verónicas de lujo y traspasa la frontera del afuera con un quite por gaoneras. José Tomás pisa donde nadie ha pisado, no rectifica ni titubea, obliga a torear arrimándose al toro, alejándose de la vida y encarando la muerte, a lamer la sangre del toro en cada estocada y si no hay suerte a morder la arena. Tomás no busca la muerte sino que pretende la perfección,
 y en ese empeño puede cruzarse la muerte. Ese es el ejemplo brillante a sacar de su toreo: la vida es persecución de perfección y superación, una vida sin arrojarse al límite no es vida. El desafío de Tomás es máximo y contra todos: toros, taurinos, antitaurinos, criadores y escépticos. Una figura transgresora que rasga y tienta nuestros principios éticos, merece todos mis halagos. ¡Olé torero!

30 de abril de 2008

"La he 'matao'... ahora estás callada, te quiero mucho"

"Nunca se habrán visto tantos crímenes, cuya extravagancia gratuita sólo se explica por nuestra impotencia para poseer la vida" 
A.Artaud.

Un día te levantas y ante la imposibilidad de poder hablar, decides callarte. Frunces el ceño, desvías la mirada hacia las esquinas y el ardor de tus entrañas degotea por tus ojos como espuma sulfúrica. Todo intento de conversación termina antes de empezar. Tus poros rezuman asco y odio. El odio te alienta a seguir vivo, se percibe en tu sudor. Hay quien tiene el olfato atrofiado y no percibe tu malestar, entonces te increpa: "¿Por qué no limpias los platos? ¿Tengo que estar todo el día detrás tuyo como una esclava? ¿Por qué no tienes un poco más de consideración? ¿Por qué no trabajas? Eres un vago, sólo sales del clínico y vuelves a entrar. No tienes ganas de curarte y yo tengo que seguir aguantándote. ¡Tómate las pastillas! Estás arruinando mi vida y me estás quitando la salud". 
En ese momento tu sangre se enciende como un pozo de petróleo, violento y desbocado. Es en ese instante, en un pestañeo, en un cambio de plano, en el tiempo que coges un cuchillo; decapitas a tu madre. Le cercenas la cabeza como quien arranca las alas de una mariposa, el crujir de las vértebras suena a sinfonía liberadora. Y ahí estás, de pie, con la mano ensangrentada agarrando por los pelos lo que queda de tu madre. Y  le dices: "Te quiero mucho" y la besas como nunca lo habías hecho antes. "¿Te apetece dar un paseo?".
Sales a la calle con la cabeza de tu madre envuelta en un paño, para que no le entre frío, y charlas tranquilamente. "Mira mamá, tengo que tomar mucha medicación y a veces se me olvida. ¿Has visto que bonitas están las buganvilias? Adoro que te preocupes por mí, pero no me chilles, porque entonces me voy a enfadar. Y ya sabes lo que pasa cuando me enfado." 

Me resulta desagradable charlar tranquilamente. Siempre hemos hablado chillando, luchando por pisarnos y dominarnos. Mamá, echo de menos tus berridos. Me gustaba como nos queríamos: gritos, golpes, peleas, tus colmillos envenenados clavándose en mi corazón, la forma en que me manipulabas para conseguir engañarme, esos reproches acompañados de tus bofetadas y mis escupitajos. Inmersos en un espiral de lucha por dominarnos el uno al otro, siempre alerta, siempre en lucha. Creando nuevas vías para expresar nuestro amor. Al final he conseguido dominarte, pero el precio ha sido caro. Sólo me queda tu cabeza, un trofeo, como un torero con su oreja, y no me respondes. Me aburro, estoy triste y me siento vacío. No encuentro nada que pueda suplir tu ausencia. Ni atizar a los viejos, a los niños, a los lisiados. Nada tiene el mismo sabor que nuestras discusiones. Olvidé que la cabeza de una madre no se puede volver a juntar, como si fuera una muñeca. Sería maravilloso poderte pegar otra vez a tu cuerpo, pero creo que el celo no me va a servir esta vez.