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25 de febrero de 2010

TRISTE

Triste como un copo de nieve derretido en un charco. Como una margarita deshojada, desnuda de esperanza. Triste como una baraja sin as de corazones, como un parchís sin dados. Triste como besarse en público y dormir en camas separadas. Triste como una lágrima que no corre mejilla abajo, como un yunque anclado en el pecho. Triste como un domingo de lluvia. Como una semana sin nada, como una vida acabada. Triste como esta canción sin melodía, como una cantante afónica. Triste como un poeta ciego, como un sentimiento sin verbo. Triste como el repetido sabor del tabaco, como comer desganado. Triste como la muerte de una madre, huérfano de cariño. Triste como un cómico desangelado, como un amante destronado. Triste como un cumpleaños sin invitados, como una silla sin patas. Triste como un filósofo con alzheimer, como un actor sin público, como un escritor manco. Triste como regocijarse en la tristeza. Triste a la espera de un feliz porvenir.

19 de septiembre de 2009

Tiempo

Siempre me han parecido muy graciosas las expresiones: "el tiempo se dilata y se contrae" o "el tiempo se acorta y se ensancha". Más que una aproximación filosófica al concepto del tiempo, me parecen un diagnóstico ginecológico, en el primer caso, y el carácter natural del miembro viril masculino, en el segundo.
El tiempo no es más que materia en movimiento, dijo un filósofo ins-pirado: agujas del reloj, dígitos numéricos japoneses, objetos pasando, personas envejeciendo... O sea, que el tiempo no es tiempo, sino materia. Algo palpable y tangible, si tienes la habilidad de tocarlo, ya que está en continuo movimiento. Vamos, que el tiempo, si quieres alcanzarlo, tienes que estar al acecho porque si no pasa de largo. ¡Qué novedad! Podría decirse, pues, que en este momento las palabras que he escrito hasta aquí son tiempo. Se han movido conformando una serie materio-temporal que os permite leerlas. Sentíos, pues, afortunados de captar el tiempo en mi texto. Privilegiados guardianes del tiempo, que las categorías de vuestro entendimiento os guarden de toda pérdida de facultades materio-espacio-temporales. 
A mi parecer el tiempo no es más que otra mesura, absurda y convencional, para delimitar nuestras incapacidades afectivas. Ansiedades, impaciencias, nervios, alegría, sueño, hambre, fe y todas las que os guste añadir. Con esto me refiero que la concepción temporal es directamente proporcional a nuestras pasiones primarias. La prisa mañanera se entiende como: mi jefe me va a echar (acojonamiento), van a burlarse de mi (pánico público). Pero qué complicación seria delimitar el tiempo a partir de nuestras sensaciones. Cuanto tardaré en llegar: dos miradas de asco y siete arcadas. Más que una apreciación temporal, parecen palabras de un mago de la tierra media o de un mago borracho a altas horas de la madrugada. Con lo que no mejoramos las expresiones: "se dilata o contrae/se acorta y se ensancha". Casi mejor dejar la pedantería blogera y acogerse a la convención temporal unánime. Al mismo "tiempo", aprovecho para decir que seguiré escribiendo cuando me salga del acortamiento y ensanchamiento de mi tiempo.

26 de mayo de 2009

AUTOMATISMO

Automático cinético teleologismo esperanzado-quebrado. Disfágico elenco de almas penuriosas merodean calles, vías, avenidas. Más legañas que luceros abiertos, luminosos. Amontonamientos, cadáveres mañaneros abigarrados, embutidos en pestilencia soñolienta. Hierros, metales, plásticos adheridos a la carne, pelo, mucosas. Transeúnte enmarañado en hedor cosmético, aseptismo vital: frialdad témpana-temprana. C'est quoi?!!  Rutinas trazan líneas tangentes, diagonales, circulares, octogonales. Hipotenusa del cateto obtuso, obstinado relleno de creencias poco pensadas y aceptadas sin rechiste, vaya chiste la credulidad sin crítica, rítmica, algorítmica, beneficia seriamente su salud. Scum, chaca pum, scum, chaca pum pum. Telarañas en la mollera, ecos, vacías palabras, letras sin cuerpo, sin grafismo, huérfanas de peso, color o tacto. Imagen: castra cerebros, amodorramiento vigente de la mente ausente de mirada transparente sin fondo turbio, emponzoñado de esencias, pulsiones, afecciones, desordenes latentes vigentes sempiternos. Signos sin referencia, ídolos de la ausencia, falta presencia, aura claudicada, postrada, abandonada. El alba: fin de los días, el atardecer: fin de los días, la noche: fin de los días. Tiempo: invento insuficiente, escaso, raso, corto, malentendido, pervertido. 

22 de octubre de 2008

Breve manifiesto maníaco

En esta época de desesperación, agobio y congoja, sufrimos una precipitación hacia lo tedioso, lo fácil y lo vacío. El aburrimiento produce, sin remedio aparente, una agónica búsqueda de emociones y afectos que no se encuentran en la vida cotidiana. La técnica nos subsume en el yugo castrador de las afectividades virtuales, los encuentros plasmáticos, la sexualidad virtual y la emotividad plástica y barata. Bajo la tiranía tecnológica supuramos bits en lugar de sangre y pus, civililización le llaman. La marea del hábito nos arrastra como un río de barro empozoñándonos de malestar, derrota y cansancio. Las creencias terminan gastadas como pesetas en bolsillos polvorientos. Los valores olvidados como cadáveres ahogados en el mar. Terminamos arrojados a los abismos de nuestra existencia, a la deriva, con las manos quemadas de agarrar clavos ardientes que nos recuerdan dolores pasados, pero presentes. Cadenas de las que liberarse o con las que arrojarse al río. 
Yo me libero. Me pongo los pies por cabeza y la cabeza por zapatos. Libero mis palabras que, pocas veces, se corresponden con mi pensar. Miro las calles como serpientes que pasean a niños, viejos, perros. Los vagones como gusanos que oxigenan la ciudad. Las baldosas como placas de sal que me mantiene a flote sobre el mar. Las antenas como manos que se agitan al verme pasar. Las ventanas son ojos perplejos expectantes. Los coches como estampidas de gacelas apresuradas. Giro mi dolor en carcajada sangrienta. Libero mi angustia en palabras que sobrevuelan los abismos del disgusto. Quemo el mundo en mis sueños y lo beso al despertar. Abandono el tedio y el cansancio por agitación y violencia, verbalizo mis entrañas, las expongo sobre la mesa. Deshojo mi cabellera como pensamiento en flor. Quedo calvo de cordura. En las antípodas de la razón instalo mi reino, mi sentir. Escalo las emes como montañas, engullo las ges como aguas, roo las erres como rata, tuerzo las tes como tobillos. Libero mi inutilidad, mi imaginación desbocada al servicio de la nada. 

4 de septiembre de 2008

CRISIS

No sé qué escribir. Llevo días pensando cómo empezar esta entrada... cómo empezar a escribir. ¿Qué decir? ¿Cómo decirlo? ¿Por qué escribir? Todo literato, filósofo o ensayista ha escrito universos enteros sobre el vacío, sobre la ausencia de temas, sobre la inapetencia. Y yo desde mi más vulgar disfagia no encuentro ninguna Ariadna que me guíe. Y vivo con ella. ¡Qué paradoja! Tengo la triste sensación de que nada pasa en el mundo, todo es aburrido, vacuo y sin substancia. La vida es como la sangre bombeando por mis venas. Algo que sabes que existe, porque te lo han dicho, pero no lo ves. ¡No hay nada interesante en el mundo que merezca escribirse! 
Y entonces, en el silencio entre terminar la frase y tomar aire, se me aparece William Faulkner con su bigote humeante y me agarra del cuello y me salpica la cara con sus chispeantes palabras:
-Pedazo de memo bocachanclas. !¿Cómo puedes decir que no pasa nada en el mundo?! Hay que ser cenutrio y botarate para no ver la magnitud de las pasiones humanas. Cada día alguien se enamora. Se le encienden las tripas, se tambalean sus cimientos, se dilata el tiempo al unísono que sus pupilas. Las pupilas por donde entran nuevos colores y nuevas texturas que no recordaba haber percibido. Canta, baila, estalla en carcajadas. Enferman hermanos de forma irreversible y hay que estar allí para llorarlos en vida y absorver al máximo sus últimos coletazos. Tomar la vitalidad y la fuerza de un condenado en sus últimos suspiros, entender que la vida no es un proyecto sino un instante. Compartir las nubes, sus formas, el olor de la hierba recién cortada. Degustar los arenques, las fresas, los panes, diseccionando cada partícula como si fuera un nuevo continente. Y así como se muere, también nacen niños. Criaturas celestiales, que albergan esperanzas, continentes inconmensurables de amor y ternura. Que lloran, ríen, descubren el aire, la luz, la baba. Lloran porque se ensanchan, respiran, tienen hambre, quieren besos. Buscan palabras pero no las encuentran y se quejan, como tú, como todos. Y hay ricos que se arruinan y aprenden la humildad, y abuelas que pierden la dentadura, y personas que no encuentran su lugar, y parejas que se rompen, y gente que mata por dinero, por amor, por ideales. Y hay quien pierde la cabeza olvidando su nombre y el de su mujer, y hay amigos que se traicionan y otros que se olvidan, y hay ciegos y tuertos y proyectos por hacer. Si crees que nada pasa en el mundo, es que no has vivido. Si se quemara el Louvre, no importaría. No importan las maravillas del Louvre sino las emociones que las originaron. Y ahora... ¡¡Escribe!!

13 de junio de 2008

palabrasconceptosconceptospalabras

Empezando por el contenido proposicional el plano de inmanencia la deconstrucción los falsarios y los indecidibles la falibilidad -que no falobilidad-  y la intensionalidad  las alucinaciones y el genio maligno procesos sucesos estados genealogías y arqueologías sustantivaciones y sustantividad ontología empirismo realistas por representación cerebros en probetas tigres robots robots tigres cubos azules sillas de cuero intersubjetividad  irreductabilidades e incorregibilidades creencias y juicios significaciones primarias y secundarias palabras-ideas ideas-sucesos conductas observables en condiciones observables listas símbolos definiciones tiempos aión cortes epistémicos huellas rastros fuerzas ilocutivas proferencias constatativas proferencias realizativas dogmas errores estupideces campo trascendental y terminando en archiliteratura fármacon voz simulacros neutralizaciones y diseminaciones. Si habéis tenido los santos cojones de leer hasta aquí, podréis comprender una infinitésima parte del centrifugado cerebral por el que estoy pasando estos días. Por lo menos me queda el consuelo de haber reventado el corrector, hay tantas palabras desconocidas que ha decidido dejar mi texto por imposible. En días como estos me alegro de enarbolar la bandera de la disfagia existencial. ¡Estelle, te necesito! 

24 de mayo de 2008

Yo, un simulacro.


Yo no soy yo, ya no soy más una entidad. Soy multiplicidad, abismo, fractalidad. No muestro ninguna imagen ni me dejo poseer. Las imágenes me atraviesan y se pliegan unas sobre otras deveniendo una deriva de significantes elevados potencialmente hasta el infinito. No soy más que una copia huérfana de otra copia original hecha a imagen y semejanza de una idea clara y distinta, aquella que hemos aprendido a abstraer. Soy el hijo abandonado a la multiplicidad de los simulacros. Un simulacro, una aglomeración de superficies estratificadas unas sobre otras. Multiplicidad de estados, emociones y pasiones, haciendo equilibrios en el alambre del ser. Subvirtiendo baratijas de verdades, mentiras olvidadas que instauramos como verdaderas. Soy palabra, soy mirada, soy voz, soy lagarto, soy león, soy enano, gigante, a veces, soy mujer, soy imposible no-ser, soy el pirata cojo, soy corazón, corazón loco/contento/partío, soy laberinto de mundos posibles, soy bifurcación de caminos, soy tiempo, presente, pasado, futuro, soy espacio. Soy archiliteratura.
Me doy como anomalidad, como diferenzia, como multiplicidad. Un fluctuar conectado a la rotación de los cuerpos celestes, un devenir deviniendo. 
Yo, un simulacro. Devorador de cultura, emoción y pensamiento vomito los
restos de lo ingerido en mis palabras, miradas, gestos, textos. Hijo bastardo de la subversión de la vida, idealismo invertido, continente estable y nitroglicerínico de las más extravagantes contingencias. Yo, un simulacro. 

¿Quién pretende clasificar aquello que escapa a toda clasificación?
¿Cómo ordenar a partir de cimientos resquebrajados y tambaleantes? ¿Para qué clasificar? ¿Cuál es el miedo originario que nos manda clasificar?