31 de mayo de 2008

CONSULTORIO DE ESTELLE PARA JÓVENES DISFÁGICOS

Bienvenidos a mi nueva sección donde podréis exponer vuestras dudas y disfágias. Soy Estelle y seré vuestra consejera de ahora en adelante. Con la ayuda de mi sarcasmo y si Dios quiere, aunque últimamente no se prodigue mucho por Wisconsin, veréis como siguiendo unos simples consejos y haciendo caso de mi cultivada sabiduría, llegaréis a convertir vuestra disfagia en algo digno de compartir. Podéis consultarme y ofrecer sugerencias tantas veces como queráis. Yo las iré respondiendo a lo largo de estas sesiones, siempre que tenga humor y me de la gana.  Atentos pues, mozalvetes, porque esta vieja aun tiene cosas que contaros.

Hale, ya está presentado. Ahora debo irme, tengo prisa y me pesa el bolso. Lo he rellenado de cadenas, sacacorchos y herraduras para atizar a esa viejuna cojitranca que se me ha colado esta mañana en la pescadería. Espero que haya tomado suficiente fósforo para recordar que a Estelle no se le cuela nadie, sino se lo recordaré a base de hierro.
Dejad la pregunta y/o sugerencia en los comentarios. 
Gracias y hasta pronto disfágicos.

24 de mayo de 2008

Yo, un simulacro.


Yo no soy yo, ya no soy más una entidad. Soy multiplicidad, abismo, fractalidad. No muestro ninguna imagen ni me dejo poseer. Las imágenes me atraviesan y se pliegan unas sobre otras deveniendo una deriva de significantes elevados potencialmente hasta el infinito. No soy más que una copia huérfana de otra copia original hecha a imagen y semejanza de una idea clara y distinta, aquella que hemos aprendido a abstraer. Soy el hijo abandonado a la multiplicidad de los simulacros. Un simulacro, una aglomeración de superficies estratificadas unas sobre otras. Multiplicidad de estados, emociones y pasiones, haciendo equilibrios en el alambre del ser. Subvirtiendo baratijas de verdades, mentiras olvidadas que instauramos como verdaderas. Soy palabra, soy mirada, soy voz, soy lagarto, soy león, soy enano, gigante, a veces, soy mujer, soy imposible no-ser, soy el pirata cojo, soy corazón, corazón loco/contento/partío, soy laberinto de mundos posibles, soy bifurcación de caminos, soy tiempo, presente, pasado, futuro, soy espacio. Soy archiliteratura.
Me doy como anomalidad, como diferenzia, como multiplicidad. Un fluctuar conectado a la rotación de los cuerpos celestes, un devenir deviniendo. 
Yo, un simulacro. Devorador de cultura, emoción y pensamiento vomito los
restos de lo ingerido en mis palabras, miradas, gestos, textos. Hijo bastardo de la subversión de la vida, idealismo invertido, continente estable y nitroglicerínico de las más extravagantes contingencias. Yo, un simulacro. 

¿Quién pretende clasificar aquello que escapa a toda clasificación?
¿Cómo ordenar a partir de cimientos resquebrajados y tambaleantes? ¿Para qué clasificar? ¿Cuál es el miedo originario que nos manda clasificar?

30 de abril de 2008

"La he 'matao'... ahora estás callada, te quiero mucho"

"Nunca se habrán visto tantos crímenes, cuya extravagancia gratuita sólo se explica por nuestra impotencia para poseer la vida" 
A.Artaud.

Un día te levantas y ante la imposibilidad de poder hablar, decides callarte. Frunces el ceño, desvías la mirada hacia las esquinas y el ardor de tus entrañas degotea por tus ojos como espuma sulfúrica. Todo intento de conversación termina antes de empezar. Tus poros rezuman asco y odio. El odio te alienta a seguir vivo, se percibe en tu sudor. Hay quien tiene el olfato atrofiado y no percibe tu malestar, entonces te increpa: "¿Por qué no limpias los platos? ¿Tengo que estar todo el día detrás tuyo como una esclava? ¿Por qué no tienes un poco más de consideración? ¿Por qué no trabajas? Eres un vago, sólo sales del clínico y vuelves a entrar. No tienes ganas de curarte y yo tengo que seguir aguantándote. ¡Tómate las pastillas! Estás arruinando mi vida y me estás quitando la salud". 
En ese momento tu sangre se enciende como un pozo de petróleo, violento y desbocado. Es en ese instante, en un pestañeo, en un cambio de plano, en el tiempo que coges un cuchillo; decapitas a tu madre. Le cercenas la cabeza como quien arranca las alas de una mariposa, el crujir de las vértebras suena a sinfonía liberadora. Y ahí estás, de pie, con la mano ensangrentada agarrando por los pelos lo que queda de tu madre. Y  le dices: "Te quiero mucho" y la besas como nunca lo habías hecho antes. "¿Te apetece dar un paseo?".
Sales a la calle con la cabeza de tu madre envuelta en un paño, para que no le entre frío, y charlas tranquilamente. "Mira mamá, tengo que tomar mucha medicación y a veces se me olvida. ¿Has visto que bonitas están las buganvilias? Adoro que te preocupes por mí, pero no me chilles, porque entonces me voy a enfadar. Y ya sabes lo que pasa cuando me enfado." 

Me resulta desagradable charlar tranquilamente. Siempre hemos hablado chillando, luchando por pisarnos y dominarnos. Mamá, echo de menos tus berridos. Me gustaba como nos queríamos: gritos, golpes, peleas, tus colmillos envenenados clavándose en mi corazón, la forma en que me manipulabas para conseguir engañarme, esos reproches acompañados de tus bofetadas y mis escupitajos. Inmersos en un espiral de lucha por dominarnos el uno al otro, siempre alerta, siempre en lucha. Creando nuevas vías para expresar nuestro amor. Al final he conseguido dominarte, pero el precio ha sido caro. Sólo me queda tu cabeza, un trofeo, como un torero con su oreja, y no me respondes. Me aburro, estoy triste y me siento vacío. No encuentro nada que pueda suplir tu ausencia. Ni atizar a los viejos, a los niños, a los lisiados. Nada tiene el mismo sabor que nuestras discusiones. Olvidé que la cabeza de una madre no se puede volver a juntar, como si fuera una muñeca. Sería maravilloso poderte pegar otra vez a tu cuerpo, pero creo que el celo no me va a servir esta vez. 

23 de abril de 2008

Esto que sigue no es un blog



Parafraseando al pintor Magritte, y sin pretender llegar a su lucidez, inauguro este espacio para la verborrea y la imaginación. Lanzo un primer aviso a navegantes. Esto no es un blog, esto no es un discurso coherente, esto no es terapia, esto no es verdad, tampoco mentira, esto no es un espacio de encuentro, esto no es un fractal, esto no es humor, esto no es tragedia, esto no es un nihilismo, esto no es creencia, esto no es sarcasmo, esto no es esperanza, esto no es odio, esto no es amor, esto no pretende ir más allá de aquí, esto no trasciende, esto no es sexo, aunque pueda aparecer, esto no es reflejo de ninguna personalidad enferma, aunque haya enfermedad. Esto no es más que lenguaje, palabra, en la era de la imagen. Un espejismo del adentro, de un adentro que puede ser múltiple pero nunca afuera, porqué el afuera está allí y cuando se nombra desaparece, como el silencio. 

Comemos en silencio nuestra existencia porque el lenguaje no llega a reflejar nuestra experiencia. Se atragantan las palabras en nuestra garganta porque no fundan, no arden como lo hacen nuestros órganos, no tiemblan como nuestros músculos, no llegan a nuestros gritos, no se pudren como nuestros cuerpos, no brillan como lo hacen nuestros ojos, ni mojan como lo hacen nuestras lágrimas por mucho que gimoteemos, gimamos, goteemos, sollocemos, plañamos o rezumemos. 

Yo declaro mi disfagia existencial, mi absoluta incapacidad para tragar con la vida y todo lo que acarrea. Al mismo tiempo me declaro gourmet bulímico de las mujeres, los vinos, los libros, los trenes, los mares, los ríos, las montañas, las ciudades, los coches, los llantos, las angustias, las risas y carcajadas, las madres y los padres, los padres de las madres y las madres de los padres, las frutas, la música, las discusiones, los cariños, los besos, las muertes, las guerras, las injusticias, el dinero, los automatismos, las películas... Y tantas otras cosas que, como siempre, quedarán por nombrarse. Ante tal paradoja no me queda más que citar al bueno de Ludwig (Wittgenstein): ' De lo que no se puede hablar hay que callar'.
Bienvenidos a mi Disfagia existencial.